miércoles, 27 de abril de 2011

MUSIQUILLA PARA MIS OIDOS.

Sentarse en la taberna, como si fuera uno un bebedor profesional; hablar con los contertulios. Y ahí está , como una reina zulú, ella, despampanante, toda entallada en un traje rojo, coronada de estrellas, chiribitas chispeantes.
Así se me apareció, toda de una vez, mostrando sus dientes de oro, sus ojos acechantes y manipuladores...

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